AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

lunes, 12 de octubre de 2009

Despedida y cierre


"¿Y cómo lo hacemos?", le pregunté a Leo cuando se vio gravemente enfermo y me dictó sus últimos deseos. "Pues yo qué sé, tío, hazlo en plan tradicional y sin demasiadas alharacas. Si eso me pones la carta de ajuste. Ya sabes, el cierre de emisión de la tele de antes. Me jode por lo de los reyes, porque yo soy antimonárquico desde que me dio por leer y aprender cositas, pero tampoco importa mucho, total... Lo que sí debes dejar claro es que me fui siendo ateo hasta el final: por nada del mundo dejes creer a nadie que me achanté en el último momento". "¡Espera, Leo, espera! Tienes más cosas que decir, lo sé. Sé que quieres hablar, que lo necesitas..." "Sí, Javi, hay pendiente mucho que decir, pero me leen personas que yo no quisiera que me leyeran, y en cambio quien yo quiero que me lea no me lee ni me leerá nunca (y si me leyera no me entendería). Es inútil persistir, querido Javi. El juego ha terminado, aceptémoslo".

Eso fue lo último que hablé con Leónidas, cuando su enfermedad se agravó advirtiendo un final cercano e irremisible. Hoy, cumpliendo sus deseos, comunico que:

Leónidas Kowalski de Arimatea ha fallecido esta tarde por un fallo multiorgásmico ante los ímprobos e inútiles esfuerzos del personal sanitario.

En ningún momento mientras tuvo conciencia durante su agonía apeló a divinidad alguna.

En sus últimos momentos de conciencia miró a su gato. El gato lo miró a él y comenzó a lamerse el pene. Leónidas sonrió, cerró los ojos y unos minutos más tarde se certificó su muerte.

El gato, Gusifluky de Kowalski y Sanabria, y yo, su alter ego, echaremos de menos al cabroncete de Leónidas.